domingo, 23 de mayo de 2010

Milito y Mourinho rompen 45 años de maldición

Por Pablo Vega




Una final siempre es una muestra definitiva del carácter de los equipos que la juegan y ayer se vio a las claras en el interesante ( aunque algo decepcionante ) duelo que tuvo lugar en el Bernabéu. El campeón fue el que cumplió más tanto en defensa como en ataque. Un conjunto sin apenas fisuras defensivas, con un juego directo que sorprendió a un Bayern quizá demasiado ingenio y con falta de mordiente. Los protagonistas fueron el delantero Milito y el entrenador Mourinho.

Teniendo en cuenta la composición de la plantilla interista, hecha de jugadores de calidad aunque de avanzada edad o que fueran descartes de otros equipos ( sólo hay que ver la situación de Samuel, Sneijder, Cambiasso o Eto'o ), no eran muchos los que apostaban por los de Mourinho al principio de la competición. Tampoco el Bayern suscitaba grandes entusiasmos y, de hecho, estuvo a punto de ser eliminado en noviembre, cuando Van Gaal generaba más animadversiones que entusiasmos en la parroquia bávara.

Sin embargo, ambos conjuntos han logrado ser hechos a imagen y semejanza de su entrenador. Quizá las ausencias de Ribery y Motta nos privaron de verles en sus respectivos onces titulares, pero lo que vimos en el terreno de juego es básicamente la concepción que tuvieron sus entrenadores a lo largo del año y que les han permitido avanzar de ronda.

El constante dominio territorial del Bayern no se vio compensado, especialmente en el primer tiempo, por ocasiones claras de gol. Los italianos hicieron suya la idea de que un gran equipo se construye desde la defensa y tuvieron siempre más claro su plan de acción; la valentía de los alemanes no acabó cristalizando en una sensación de acoso exceptuando los primeros minutos del segundo tiempo.

Aun así, el que volvió a aparecer como la individualidad del Inter fue el goleador argentino Diego Milito que dio un golpe de autoridad de cara al Mundial con dos goles de auténtico delantero, el primero a pase de Sneijder ( derivado de un saque de puerta de Julio César ), que le permitió fintar a Demichelis y poner a su equipo por delantero. El segundo, en el minuto 70, vino de una jugada individual del propio Milito que demostró sus cualidades de control, regate y definición.

El sacrificio defensivo de todas las piezas del Inter, incluso las en teoría ofensivas como Cambiasso y Eto'o permitieron a los interistas manejarse con solvencia y dar la impresión de controlar el partido a pesar de las peligrosas acciones individuales de Robben ( que no encontró socios en ataque y que estuvo marcado muy de cerca en todo momento ) y los disparos lejanos que Julio César atajó con suficiencia. La solidaridad de los italianos fue para enmarcar y los alemanes nunca supieron encontrar el fútbol que les había llevado hasta Madrid.

El triunfo de Mourinho tampoco deja lugar a dudas, puesto que el seguramente futuro técnico del Madrid mostró la superioridad táctica de su conjunto, ganando una Copa que se le resistía al "otro" equipo de Milán desde hace casi medio siglo. Además, consigue hacer triplete en un año que se recordará como el triunfo de un bloque sin fisuras, poco vistoso pero con las ideas tremendamente claras. Así fue también la final, olvidable para el espectador, apasionante para los técnicos de ésto.

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